Carbón activado para la remoción costo eficiente de arsénico y microcontaminantes orgánicos en agua.
TecnologíaEl producto corresponde a carbón activado para la remoción de arsénico y micro contaminantes orgánicos en agua. El carbón activado, en formato granular (GAC) y polvo (PAC) será elaborado a partir de la activación química de carbón una mezcla de precursores carbonosos, específicamente carbón mineral de la Región del Biobío (Cuenca carbonífera Arauco- Curanilahue) y carbon black, residuo carbonoso proveniente de la pirolisis de neumáticos fuera de uso (NFU). La proporción exacta de ambos precursores será determinada durante la ejecución del proyecto. En consecuencia, el uso del carbón activado desarrollado permitiría agregar valor a un recurso natural que tiene un mercado cada vez más restringido, impactando positivamente una actividad de arraigo productivo en la Región, a la vez que permitiría utilizar un residuo que hoy constituye un pasivo ambiental (no tiene uso alternativo en la actualidad), aportando a la circularidad de los procesos de valorización de los NFU. Por otro lado, el carbón activado, al provenir de un recurso natural local (carbón) de bajo valor comercial y de un residuo (carbon black), tendrá un menor costo que otros carbones activados comerciales actualmente importados. Los resultados previos a este proyecto han demostrado que los carbones activados elaborados a partir de carbón y carbon black son efectivos para la remoción de los contaminantes mencionados, mostrando capacidades de adsorción similares, y en algunos casos superiores, a la de otros carbones activados reportados en la literatura.
Qué problema resuelve esta capacidad
La seguridad del agua es uno de los principales desafíos actuales en materia de sustentabilidad. El enfoque tradicional respecto de la seguridad del agua se ha centrado fundamentalmente en su disponibilidad, focalizando la gestión de problemas de escasez de agua, por sobre su calidad (Gunda et al., 2019). Esta aproximación desconoce que una deficiente calidad del agua, no sólo afecta directamente a la salud humana y el sustento de los sistemas acuáticos, sino que además es uno de los principales factores que impacta directamente en la escasez de este elemento (Alcamo, 2019). En efecto, la calidad de agua determina, o restringe, las posibilidades de su uso por distintos sectores, incrementando en algunos casos los costos de las tecnologías de tratamiento requeridas para alcanzar los estándares de calidad de agua correspondientes (van Vliet et al., 2017). El nexo evidente entre la calidad y cantidad de agua se ha agudizado por el cambio climático, dado que el cambio en los regímenes hidrológicos influye directamente en la capacidad de dilución de contaminantes en los cuerpos de agua (Whitehead et al., 2009, Miller et al., 2017). Estos elementos son especialmente relevantes para Chile debido al estrés hídrico que sufren las regiones más pobladas del país (WRI, 2019) y las evidencias respecto a problemas de la calidad del agua, tema que será abordado más adelante. Actualmente, más del 55% de la población mundial vive en zonas urbanas (World Bank, 2019), proyectándose que esta cifra ascenderá a cerca del 70% en 2050 (UN, 2019). En Chile, de acuerdo a datos del Censo de Población 2017, cerca del 88 % de la población es urbana (INE, 2018). La concentración de la población en zonas urbanas genera presiones sobre la calidad del agua debido a que la descarga de contaminantes contenidos en aguas domésticas e industriales se verifica fundamentalmente a cuerpos de agua superficiales (SISS, 2019), exigiendo eficiencias crecientes de los sistemas de tratamiento por cuanto las mismas fuentes de agua contaminada abastecen a la población para su consumo. En efecto, el ciclo de agua urbana es un sistema interconectado en los cuales se verifican flujos de contaminantes entre los distintos compartimentos del sistema: sistemas de agua potable, descargas de las plantas de tratamiento de aguas residuales, aguas superficiales y subterráneas (Peña Guzmán, 2019). La Agenda 2030 de las Naciones Unidas subraya dentro de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 6: Agua Limpia y Saneamiento) la necesidad de garantizar, al año 2030, la disponibilidad de agua limpia mediante la reducción de la contaminación, entre otras estrategias. La OMS señala que la gestión inadecuada de las aguas residuales urbanas, industriales y agrícolas ha tenido como consecuencia que el agua disponible para consumo de millones de personas, especialmente en países de bajos ingresos, contenga niveles de contaminantes que representan riesgos para la salud (OMS, 2017). En ese sentido, la OMS recomienda concentraciones máximas (de referencia) para una serie de parámetros de calidad del agua para consumo humano (microbiológicos, químicos, radiológicos y organolépticos), considerados prioritarios en materia de gestión del riesgo. Respecto de los parámetros químicos, este organismo señala que éstos tienen particular importancia dado que los efectos en la salud, generados por la exposición de la población, se producen a largo plazo. Dentro de los contaminantes químicos prioritarios en materia de calidad de agua para consumo humano, la OMS releva especialmente el arsénico, indicando que la concentración de este metaloide en agua no debe superar los 10 μg/l (OMS, 2017), debido a su relación directa con diversas patologías, entre ellas riesgos de intoxicación aguda, lesiones dérmicas, neuropatías, cáncer y enfermedades vasculares (Abdul et al., 2015, OMS, 2017). Se estima que en el mundo más del 4% de la población mundial está expuesta a arsénico en agua, siendo reportada su presencia en concentraciones riesgosas en 14 países de Latinoamérica, entre ellos Chile (López- Guzman et al., 2019).
Qué más deberías saber sobre esta capacidad
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Claudia Alejandra Ulloa TesserRegístrate y accede directamente al contacto
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